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La globalización y la economía colaborativa han creado un clima favorable a la aparición de nuevas empresas, la innovación y la puesta en el mercado de nuevos productos ya no es u privilegio de las grandes corporaciones. Con esta democratización del acceso al mercado ya no es suficiente con lanzar el producto que demandan los consumidores en el menor tiempo posible, estos productos deben diferenciarse de los creados por la competencia. 

Esta diferenciación se consigue seleccionando los requerimientos correctos y con un buen sistema de validación, por eso es muy importante seleccionar las mejores herramientas para llevar a cabo este proceso. Muchas empresas utilizan herramientas como Word o Excel para esta tarea, pero aunque son efectivas para definir los requerimientos, no son eficientes a la hora de gestionarlos, un punto crítico. Aunque definir unos requerimientos adecuados es un buen punto de partida, de poco sirve si se hace una pésima gestión de los mismos, ya que son clave para crear el producto que los clientes quieren. Además, esta gestión se hace cada vez más complicada a causa del aumento de componentes de los productos y del número de regulaciones, las múltiples disciplinas de ingeniería que intervienen en el proceso de diseño como mecánica, eléctrica y de software, otro factor son las cambiantes preferencias de los consumidores y las diferencias entre los mercados globales y regionales. Con todos estos factores de cambio es muy importante hacer una buena gestión de los requerimientos y la mejor base es contar con una buena herramienta ya que, una mala gestión de los requerimientos supone aumentar los costes de la empresa sobretodo debido al retraso de la salida al mercado que deriva en pérdidas de ingresos, el aumento del presupuesto del proyecto, ineficiencias de diseño y errores y falta de innovación.

El hecho de invertir en una herramienta de gestión y validación eficiente aporta beneficios como:

Reducción del time to market: una gestión y validación de requerimientos eficiente reduce el trabajo de ingeniería “inútil” que suele hacerse en el desarrollo de productos, de esta forma se acelera el proceso y el producto puede salir antes al mercado. Al tener una sola fuente de verdad no se pierde tiempo recopilando información y se elimina el margen de error aumentando la productividad.

Mejora de la calidad del producto: con la integración de los requerimientos y el proceso de test mejora la calidad de los productos y gracias a la trazabilidad también se puede comprobar qué requisitos se han cumplido y cuáles no.

Disminución de costes: con la eficiencia que se gana se reduce el tiempo de desarrollo y por lo tanto sus costes, además los requerimientos reutilizables y ya validados, ayudan a ahorrar tiempo a los ingenieros. El hecho de evitar errores elimina los costes de los cambios de última hora.

Desarrollo de productos más competitivos: la posibilidad de compartir los requerimientos en un entorno de trabajo colaborativo hace posible que los distintos departamentos aporten su visión dando como resultado productos más innovadores.

En definitiva se trata de una inversión con un retorno en formato económico y de mejora de procesos e innovación que da como resultado mejores productos y un aventaja competitiva frente a la competencia.

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